Los libros que salvaron mi vida

Soy una ávida lectora. Devoro las páginas como si de ello dependiera mi vida y me encanta sentarme por las mañanas con un buen libro y una taza de café. Leo de todo: novelas, autobiografías y ensayos. No me considero la persona más culta del mundo, pero si alguien que disfruta muchísimo leer los pensamientos de los demás. Hace cinco años, fui internada en una clínica de trastornos alimenticios y me permitieron solo dos cosas: leer y escribir. Entonces, me

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Los dos lados de la balanza

Estoy sentada en mi cuarto de la infancia pensando en lo difícil que han sido estos últimos meses. La cuarentena parece haberse llevado lo mejor de mí. Me siento miserable y sumamente triste y no sé si pronto este sentimiento pasará. Pienso en las formas en las que puedo adormecer mi dolor y lo único que se me ocurre es volver a las garras del trastorno; tal vez si siento hambre, no puedo sentir nada más. Me acuesto en la

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Los trastornos alimenticios no tienen un determinado tipo de cuerpo

Ojerosa y hasta los huesos. Eso es lo que creía que significaba tener anorexia, o al menos eso me habían enseñado en la preparatoria; mujeres que no comían nada, que se les podía entrever cada uno de sus huesos y con prominentes clavículas. La realidad es que el estereotipo de una persona que padece un trastorno alimenticio no podría estar más alejado de la realidad y para una adolescente que sabía poco, no pude hacer consciencia de enfermedad. Creía, ilusoriamente,

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Diciéndole adiós a mi cuerpo enfermo

Durante los últimos cinco meses he llevado una dieta más alta de lo que he estado acostumbrada a hacer durante los últimos diez años de mi vida. Claramente, mi cuerpo ha cambiado. Mis caderas se han vuelto más anchas, mis piernas crecieron y mis costillas dejaron de verse. En ocasiones este hecho me acorrala por lo que intento no pasar mucho tiempo frente al espejo o mirando cuerpo. Hace unos días, estaba borrando fotos viejas y me encontré con imágenes

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La vida en avenida dos, número 94

Pasé diez años de mi vida inmersa en un trastorno alimenticio y cuando conocí a mi terapeuta y le confesé mis conductas, me ordenó un internamiento inmediato. Había visto documentales acerca de clínicas de trastornos alimenticios y según yo, tenía idea de lo que sucedía en estos lugares. Me imaginaba gente en los huesos, tristeza y soledad. Llegué un veinticinco de agosto y antes de acceder a ser internada, pedí que me enseñaran la clínica. Al subir, me encontré con

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Nosotras

Nosotras

Mi nombre es Lucía y vivo en una constante paradoja. En cuestiones de segundos paso de la euforia a la depresión, de la calma al caos y de la locura a la sensatez. Estos conflictos me han demostrado que las dualidades y contradicciones vienen a construir lo que significa vivir en consciencia y plenitud.

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La vida en paradoja