La recuperación de peso: un hecho inevitable

Pasó poco a poco y sin darme cuenta. De unos meses para acá, comencé a comer mejor; a darme pequeños permisos; a agregar una cucharada más de yogurt o a comer un poco de más con mi novio y así, sin percatarme, empecé a habitar en una silueta de mujer, con caderas, busto y glúteos. La figura infantil pareció duplicar su tamaño y mi zona de seguridad se derrumbó, ya no tenía el control y en un inicio, creí haberlo

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El problema con los estereotipos de belleza

-Alta y delgada, ojos claros, tez blanca y con una cadera no mayor de 90 centímetros- le escuché decir a un booker en la ciudad de México. Se me había ofrecido presentarme en un casting para ingresar a una de las empresas de modelos más importantes del país. Evidentemente, mi cadera no medía 90 centímetros y para comenzar con ellos, debía bajar de peso. Honestamente, me sentía poco merecedora de entrar al mundo de la moda y creía que mi

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Memes gordofóbicos: la verdadera epidemia

Todos saldremos rodando de la cuarentena. No tienes hambre, es aburrimiento. Cierra la alacena, es pura ansiedad. Para anticuerpo, el que se me está quedando. Quédate en tu talla: come frutas y verduras. Le he dado vuelta al refrigerador para ya no comer más. Estos son algunos de los memes que he recibido en las últimas tres semanas. A partir de la cuarentena, mi muro de Facebook se ha llenado de imágenes gordofóbicas que lo único que hacen es angustiarme

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Distimia: al borde de la depresión

Cuando tenía siete años, mi papá fue diagnosticado con cáncer y ese fue el inicio de la debacle de mi vida. Su enfermedad hizo que mis papás tomaran la decisión de irse a tratar la enfermedad a Estados Unidos, lo que ocasionó que me separará de ellos por seis meses. Él murió cuando yo tenía 11 años; posiblemente su muerte detonó algo en mí y años después, fui diagnosticada con distimia. La distimia o trastorno distímico es un desorden afectivo

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Gorda: una palabra sin poder

Un adjetivo con cinco letras. Entonces, ¿Porqué tiene el valor de quitarme el sueño, de dejarme al borde de las lágrimas y llevarme a conductas de un trastorno alimenticio? Desde los catorce años hasta ahora, este calificativo me ha perseguido en mi diario vivir. He intentado por todos los medios, adelgazar mi cuerpo hasta llegar al grado de hacerlo medible con mis manos. Siempre me ha parecido absurdo el habitar en un cuerpo delgado y al ver mi reflejo en

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La espiral que derivó de una galleta

Todo empezó una tarde de enero cuando al probarme mi vestido de quince años, mi madre me dijo que tuviera cuidado con lo que comía ya que si engordaba, no cabría en él. Recuerdo que la alacena estaba llena de galletas oreos cubiertas de chocolate blanco y diariamente, ingería una después de la hora de la comida. En el momento justo después de comer, las palabras de mi madre resonaron en mi cabeza y decidí ya no comer postre. Quería

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La renuncia a un cuerpo en los huesos

Me siento en el sillón gris frente a mi terapeuta. Tomo el cojín y lo pongo sobre mis piernas para según yo, disimular su gran grosor. Como todas las sesiones en este último mes, me dedico a contemplarla y callar ya que no quiero escuchar sus devoluciones acerca de mi vida; me niego a oír sus inteligentes comentarios que en ocasiones me hacen sentir que estoy haciendo todo mal, que la recuperación ya ha tomado mucho tiempo y que me

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La vida en avenida dos, número 94

Pasé diez años de mi vida inmersa en un trastorno alimenticio y cuando conocí a mi terapeuta y le confesé mis conductas, me ordenó un internamiento inmediato. Había visto documentales acerca de clínicas de trastornos alimenticios y según yo, tenía idea de lo que sucedía en estos lugares. Me imaginaba gente en los huesos, tristeza y soledad. Llegué un veinticinco de agosto y antes de acceder a ser internada, pedí que me enseñaran la clínica. Al subir, me encontré con

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Cuando tu “estoy bien” todavía no es suficiente.

Estoy sentada frente a mi psiquiatra en un consultorio de cuatro por cuatro con pinturas de Remedios Varo colgadas en las cuatro paredes. Hace cuatro meses, mi psicóloga insistió que regresara a la clínica para un chequeo ya que, según ella, estoy en una recaída. Le explico a la doctora mi confusión de estar siendo readmitida ya que acorde a mis estándares, me encuentro perfectamente bien. Hoy puedo comer y mantener un plan alimenticio relativamente normal. Incluso, todos los días,

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¿Qué se siente tener anorexia?

Podría escribir o hablar de esto por horas, buscando  expresar cabalmente lo que es vivir todos los días con un trastorno alimenticio. No sé cómo explicarles la continua lucha que libro cada día para  rehabilitarme;  no sé  qué metáfora pueda comunicar  lo difícil que me resultar vivir con anorexia, pero si hubiera alguna, te diría que es como  un extraño, como un alien que viviera dentro de ti y que todos los días quisiera  engañarte, manipularte, hablándote sin parar, diciéndote

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Sobre mí

Sobre mí

Mi nombre es Lucía y vivo en una constante paradoja. En cuestiones de segundos paso de la euforia a la depresión, de la calma al caos y de la locura a la sensatez. Estos conflictos me han demostrado que las dualidades y contradicciones vienen a construir lo que significa vivir en consciencia y plenitud.

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La vida en paradoja