El vínculo es lo que sana

Al cumplir veinticinco años había pasado por varios psicólogos, brincaba de una terapia a otra para no reconocer que necesitaba ayuda; fingía que tenía una vida perfecta y sin un sólo problema. A mi terapia, llevaba problemas ajenos, hablaba sobre lo mal que yo consideraba vivían mis amigas, lo equivocadas y tóxicas que habían sido mis relaciones anteriores y problemas laborales que en realidad, no necesitaban ser analizados.

Cuando conocí a mi psicóloga actual, seis años hace ya, sentí que mi mundo se desmoronaba. Descubrí que mi vida no era tan perfecta como yo creía, había desarrollado muchas conductas obsesivas y entendí por primera vez después de una década, que era yo la que necesitaba ser atendida.

Estaba aterrada, me sentía sola y con pensamientos obsesivos que me atormentaban todos los días, lloraba por las noches y comía lo indispensable para mantenerme viva. Durante dos semanas, me aferré a mi TCA, porque no podía comprender todo lo que me sucedía.

Llegué a la clínica de trastornos de la conducta alimentaria un 25 de agosto, con hambre y tomada del brazo de mi mamá. Regina, mi psicóloga, me esperaba para una valoración y después de unas cuantas horas, me dijeron que necesitaba internarme inmediatamente.

En ese momento, sentí que lo perdía todo: la relación con mis papás, mis hermanos y mi identidad como maestra y bailarina. Fue un momento crucial en mi vida, que me hizo entender por qué saltaba de una terapia a otra o por qué no permitía a nadie amarme y por qué manipulaba e intentaba controlar lo que me rodeaba.

Aún recuerdo mi tercera sesión con Regina, cuando llorando desconsolada, le dije que era un monstruo y que no merecía vivir, entonces me tomó de las manos y por primera vez en mucho tiempo, sentí que un profesional de la salud me veía como un ser humano vulnerable y no sólo como un paciente. Regina me ha enseñado, que el vínculo entre terapeuta y paciente puede sanar muchísimas cosas y que valía la pena abrir mis pensamientos a un profesional, para con su ayuda, poder asomarme a ver mis miedos y obsesiones y comenzarlas a trabajar.

La relación que tenemos Regina y yo ha tenido muchos altibajos; en ocasiones le digo que la odio y en otras le hablo por las noches porque no puedo soportar mis propios pensamientos. Ella ha estado ahí siempre, para escucharme, consolarme y también para retarme y decirme que no tengo razón.

 La terapia me ha dado la oportunidad de ser más humilde, de conocer mi propio dolor y de ser más empática con el sufrimiento ajeno; también me ha dado la oportunidad para construir nuevos vínculos con mi familia y de sanar la relación que tengo conmigo misma y con mi cuerpo, así como tener una vida de pareja.

Después de mucho tiempo en terapia, entiendo que no tengo que ser perfecta y que tampoco debo exigirme serlo.

Agradezco el vínculo que formé con Regina, porque ese es el lazo que me ha enseñado a construir relaciones sanas, a proteger mis emociones y expresar mis sentimientos por más locos y confusos que pueden llegar a parecer. La relación paciente-terapeuta, me dió la oportunidad de romper con esas relaciones anteriores y de volverlas a construir de manera más sana.

 Con el tiempo y mucho trabajo, comprendí que no tenía por qué exigirme tanto, hasta el punto de quebrarme y que para sanar, hay que mirar siempre dentro de uno mismo.

He dejado de saltar de una terapia a otra, para encontrarme en los ojos de mi terapeuta y comprender que soy más que un TCA y que puedo recibir el afecto de todos aquellos que me rodean.

Gracias Regina, por ayudarme a encontrar mis recursos interiores que hoy, me permiten ser valiente para expresar mis pensamientos en este texto, pero sobre todo, GRACIAS por mirarme como un ser humano que sufría y de repetirme en mis momentos más obscuros, que yo tenía todas las herramientas para salir adelante. 

Amante del té, las letras y la buena literatura. Sobreviviente de un trastorno alimenticio y orgullosa maestra de danza.

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Sobre mí

Sobre mí

Mi nombre es Lucía y vivo en una constante paradoja. En cuestiones de segundos paso de la euforia a la depresión, de la calma al caos y de la locura a la sensatez. Estos conflictos me han demostrado que las dualidades y contradicciones vienen a construir lo que significa vivir en consciencia y plenitud.

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La vida en paradoja