Cuando tu “estoy bien” todavía no es suficiente.

Estoy sentada frente a mi psiquiatra en un consultorio de cuatro por cuatro con pinturas de Remedios Varo colgadas en las cuatro paredes. Hace cuatro meses, mi psicóloga insistió que regresara a la clínica para un chequeo ya que, según ella, estoy en una recaída.

Le explico a la doctora mi confusión de estar siendo readmitida ya que acorde a mis estándares, me encuentro perfectamente bien. Hoy puedo comer y mantener un plan alimenticio relativamente normal. Incluso, todos los días, me levanto dispuesta a desafiar la voz que habita en mi cabeza, repitiéndole una y otra vez que voy a comer; porque puedo y quiero. A pesar de ello, en los últimos meses he perdido peso y el salirme de mi plan alimenticio me causa muchísima ansiedad.

La Dra. Lisa me escucha atentamente y me ve con una mirada compasiva. Cuando termina de oírme, me dice que a pesar de que estoy mejor que hace tres años, aún no he alcanzado la salud. Estoy relativamente bien, pero a pesar de mis esfuerzos, eso todavía no es suficiente. Entonces, me explica que la recuperación se alcanza solo cuando el juego mental y la obsesión por el cuerpo delgado se detiene.

Escucho sus palabras y no puedo evitar darle la razón. Debo reconocer que aun persiste un dejo de esperanza por sentirme delgada y quizás ese sentimiento siempre vivirá en mí. Por este motivo, mi terapeuta me ha dicho que esa es una señal a la que debo permanecer siempre alerta y mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de que quizás tiene razón.

Al platicar con mi psiquiatra entiendo que a pesar de que, a mis ojos, me encuentro mucho mejor, eso aún no es suficiente para poder decir que el trastorno alimenticio ha quedado en el pasado. Entonces comprendo que las conductas que siguen dentro de mí, como mantener un estricto régimen alimenticio y mi terquedad por comer únicamente cosas saludables son solo respuesta a la obsesión que cargo por mantenerme delgada. Mediante nuestro diálogo, entiendo que la salud se alcanza cuando estas viviendo la mejor versión de ti mismo, donde la fijación con la comida y el peso pasan a segundo plano. El bienestar es eso que se obtiene cuando eres libre de comer cualquier tipo de alimento y no tienes miedo de que éste transforme tu cuerpo; e incluso, si hay un aumento de peso, eres capaz de aceptarlo como consecuencia de estar viviendo en equilibrio.

Además, Lisa me explica que el principal problema de los trastornos alimenticios es la percepción que se tiene de sí mismo. Una persona con TCA tiene dismorfia corporal, es decir, percibe su cuerpo más grueso de lo que en realidad es. Por este motivo, se intenta mediante todos los medios, alcanzar un cuerpo delgado cuando en realidad, muy probablemente, ya se habite en él. Desde mi adolescencia, he visto en el espejo un cuerpo gordo y a pesar de años de terapia, esta percepción que tengo de mí no ha cambiado. Debido a esto, en los últimos meses, he vuelto a caer en los engaños de la anorexia, creyendo que, si adelgazo mi silueta, entonces, seré feliz.

Por este motivo, creo que lo único que me queda es continuar en este camino que, como todo en la vida, tiene sus altas y bajas. Aún persigo la recuperación y estoy dispuesta a luchar contra mis propios demonios para alcanzarla. Debido a esto acepto que, en los trastornos alimenticios, la percepción que se tiene de sí mismo puede estar equivocada y entiendo que mi “estoy bien” aún no es suficiente.

Amante del té, las letras y la buena literatura. Sobreviviente de un trastorno alimenticio y orgullosa maestra de danza.

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Sobre mí

Sobre mí

Mi nombre es Lucía y vivo en una constante paradoja. En cuestiones de segundos paso de la euforia a la depresión, de la calma al caos y de la locura a la sensatez. Estos conflictos me han demostrado que las dualidades y contradicciones vienen a construir lo que significa vivir en consciencia y plenitud.

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